El Concorde, los dinosaurios y el turismo canario
El Concorde, los dinosaurios y el turismo canario.
Manuel Ángel Santana
Turégano
Cuando yo era niño uno de mis
juguetes favoritos era una réplica del Concorde. El Concorde era un avión
supersónico que enlazaba Nueva York con Londres y París en menos tiempo de lo
que hoy en día se tarda en ir de Canarias a Barcelona. Entonces ésa parecía la
solución más eficaz y eficiente para los turistas transoceánicos. Aunque no sé si
por entonces ya se usaba el término benchmarking,
ni si estaba tan desarrollada la corriente actual de poner a todo un nombre en
inglés, seguro que en muchas Escuelas de Negocio y Facultades de Economía se
llegó a estudiar como un modelo de éxito.
Cuando yo era joven el juguete
favorito de los políticos y gestores empresariales de entonces era el “turismo
de calidad”. Bajo la idea de que con menos turistas se generaba más dinero, las
Directrices de Ordenación del Turismo, que se pusieron en prácticas cuando
comenzaba el siglo XXI, constituyeron un intento, bastante exitoso, de
reconversión del sector: donde antes había apartamentos, de “turismo barato”,
ahora tenemos hoteles “de lujo”, parques temáticos y campos de golf. Entonces
esa parecía ser la solución más eficaz y eficiente para el turismo canario, y
desde la administración, las consultoras y las facultades de Economía y Turismo
se produjeron innumerables estudios para ayudar a reconvertir el modelo
turístico canario.
Cuando a todos nos sorprendió la
pandemia lo que parecía ser el modelo de éxito era el “turismo inteligente”
basado en el Big Data: la idea era que armados con el conocimiento de cómo
evoluciona la realidad económica y social, el sector turístico canario lograría
adaptar completamente su oferta a los requerimientos de la demanda y así
convertirse en la solución más eficaz y eficiente a las demandas turísticas de
los europeos, al menos en algunos segmentos.
Claro que mucho antes de que todo
esto pasara, los dinosaurios parecían ser la forma de vida más eficaz y
eficiente, y dominaban la tierra. Las teorías más recientes plantean que
estaban tan adaptados a su entorno que cuando éste cambió acabaron por
extinguirse. También plantean que lo que explica el extraordinario éxito
evolutivo de la especie homo sapiens
no es que esté especialmente adaptada a ningún entorno, sino su capacidad de
adaptarse a entornos cambiantes. Como enseña la ecología organizacional,
maximizar el uso de los recursos no es una estrategia viable a largo plazo,
pues cuando vengan momentos de cambio, que vendrán, sólo sobrevivirán quienes
tengan recursos ociosos y puedan adaptarse a sobrevivir con lo poco que ya
tienen.
La pandemia ha impactado en nuestras
vidas como un meteorito, capaz de extinguir a algunas especies, pero no a la de
cierto tipo de consultores, economistas y especialistas en Big Data que nos
prometen que, gracias a los conocimientos y técnicas que utilizan, pueden
predecir el futuro. Pero lo cierto es que, dado que el futuro, por definición,
no lo podemos predecir, sería mejor no intentar lograr mejores resultados afinando
las predicciones (que siempre pueden fallar). Quizá sería mejor optar, más
bien, por aquellas estrategias que nos darán mejores resultados incluso cuando
nuestras predicciones fallen.
Hace más de un año que las
cabezas pensantes del turismo canario proponen al sector de los “nómadas digitales”
y al turismo de proximidad como soluciones para nuestro sector. No sé si se han
parado a pensar que los hoteles que hace 20 años se diseñaron para maximizar
los ingresos por turismo de algunos grupos sociales pueden resultar una
solución eficaz y eficiente para una semana de vacaciones, pero no para pasar
en ellos temporadas tan largas como suelen hacer los nómadas digitales. En
cuanto al turismo de proximidad, parece optar por casas rurales, villas,
apartamentos y otro tipo alojamientos distintos de los hoteles de 4 y cinco
estrellas que hace tan sólo unos años se proponían como modelo. Aunque el
futuro no se puede predecir, quizá acabe pasando con los hoteles construidos en
los últimos años como con los dinosaurios: eran tan grandes, y estaban tan bien
adaptados al entorno, que un cambio en el mismo les hizo desaparecer. Claro que
habrá que ver qué hacemos entonces con ellos.
Si verdaderamente queremos ser
inteligentes deberíamos preocuparnos, más de lo que podemos hacer con todo lo
que sabemos, de lo que podemos hacer con lo que no sabemos. Por ello sería
mejor, en vez de especializarnos en subsectores que finalmente pueden resultar
o no exitosos, potenciar un sector turístico que más que robusto sea “anti-
frágil”, que diría Taleb. Sí frágil es lo que se quiebra ante los cambios en el
entorno, lo contrario de frágil, lo anti- frágil, es aquello que se vuelve más
fuerte con los cambios. Así que, en vez de hacer caso a quien nos dice que
puede predecir el futuro, que puede acertar tanto como quienes apostaron por el
Concorde, posiblemente lo mejor que podemos hacer es concentrarnos en el
presente, y ver cómo hacernos anti- frágiles.
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