Razones para abandonar las redes. Primera: te hacen menos libre.
Razones para abandonar las redes. Primera: te hacen menos libre.
Manuel Ángel Santana
Turégano
Google, Facebook y sus empresas
(YouTube, Google Maps, Instagram, Twitter y WhatsApp) son las más rentables del
mundo, y basan su modelo de negocio en ofrecer servicios gratuitos que son
pagados por los anunciantes. Y estos invierten enormes cantidades de dinero en las
redes sociales porque saben que a cambio conseguirán pequeñas modificaciones, favorables
a sus intereses, en la conducta de las personas. Las redes saben más de
nosotros que nosotros mismos: saben dónde hemos estado, con quienes
interactuamos, que negocios (virtuales y reales) visitamos, qué nos interesa y
sobre qué buscamos información. En base a esquemas behavioristas de
modificación de conducta realizan gigantescos experimentos de modificación de
la conducta humana que, aunque pueden no acertar para cada persona en concreto,
a nivel agregado permiten hacer predicciones acertadas sobre el comportamiento
humano, lo que genera grandes beneficios a sus clientes, que son quienes
financian a estas empresas.
Mientras que antes la publicidad
era generalista (una valla en la carretera que veía igual todo el mundo) ahora
es completamente personalizada: las técnicas de Big Data sugieren que las personas que han visitado determinados
establecimientos, que practican determinados deportes y que, por su historial
de búsqueda, pueden estar sintiéndose en éste momento un tanto más vulnerables,
son más susceptibles de realizar compras que les hagan paliar la ansiedad
social que sufren. Son estas las personas a las que se les ofrecen ciertos
productos que, de forma mayoritaria, acaban adquiriendo.
Estas técnicas han alcanzado tal
grado de perfección que Jaron Lanier, una figura prominente de Silicon Valley
plantea, en su libro “Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato”
que ya no se las debería llamar técnicas de publicidad sino de manipulación. Y a las empresas que facilitan todo esto, las redes, las denomina imperios de modificación conductual. Las
estrategias de modificación conductual se basan en el mismo mecanismo que las
adicciones, que en último término se basa en la idea de “el palo y la zanahoria”,
mecanismo que se ha utilizado desde tiempos inmemoriales para modificar la conducta
humana: se trata de recompensar los comportamientos que se quieren reforzar y
castigar los que se quieren evitar. Pero recompensas y castigos (palos y
zanahorias) pueden ser también simbólicos: likes
en Facebook, seguidores en Twitter y YouTube, reacciones al estado y
comentarios en WhatsApp. El refuerzo intermitente (no siempre obtenemos lo
queremos) genera aún más adicción, y eso es justamente lo que encontramos en
las redes: las redes sociales se han acabo convirtiendo en un gigantesco
laboratorio social en que las ratas de laboratorio somos nosotros, donde se nos
recompensa o castiga con emociones sociales, como pueden ser sentirnos
apreciados o no, lo que se denomina “ansiedad social”.
Las emociones sociales pueden ser
positivas (camaradería, simpatía, respeto, gratitud) o negativas (miedo,
hostilidad, ansiedad, resentimiento, celos o deseos de ridiculizar). Dado que
es más fácil hacer surgir las emociones negativas, y que éstas nos influyen
durante más tiempo, quienes quieren modificar nuestra conducta acaban usando
más el palo que la zanahoria, por lo que acaban apelando más las emociones
negativas que a las positivas. Las redes sociales compiten por captar nuestra atención,
y para ello tienden a apelar a emociones negativas porque éstas captan nuestra
atención de manera más fácil y durante más tiempo.. De manera que, en expresión
de Lanier, podría decirse que las redes están sesgadas, pero no hacia la
izquierda o la derecha, sino hacia abajo: tienden a capturar nuestra atención
haciéndonos sentir emociones negativas.
Si recordamos que, en el fondo
las redes sociales son imperios de
modificación conductual que se alquilan a quien más pague para modificar
nuestra conducta, modificarla en el sentido que le interese a quien pague,
quizá entendamos un poco más del mundo en que nos toca vivir. Por todos lados
vemos miedo, hostilidad, ansiedad, porque generar en nosotros emociones
negativas es el mecanismo más fiable para generar cambios en nuestra conducta.
Y en un mundo post- pandémico en que casi toda la comunicación entre seres
humanos es mediada por las redes las emociones negativas se han adueñado de la
vida social. Antes de la pandemia Lanier detallaba en su libro diez razones por
las que deberíamos borrar nuestras redes sociales. Tras un año en que las redes
han sido para muchas personas su única conexión con el mundo es aún más
evidente que debemos de cambiar la manera en que nos relacionamos con las redes,
porque el mundo que se nos presenta a través de éstas nos genera muchas más
emociones negativas que el experimentamos sin mediación.
La primera razón por la que
sugiere Lanier que deberíamos abandonar las redes es porque nos hace menos
libres. Aunque los seres humanos siempre estamos condicionados y seguramente no
existe la libertad absoluta, pensemos un momento: nunca tantas empresas y
organizaciones habían puesto tantísimo dinero en un duopolio (Google y
Facebook) que les vende una plataforma con la que modificar nuestra conducta.
Puede que, en tu caso concreto, no hayan conseguido modificar tu comportamiento
electoral, como en el escándalo de Cambridge Analítica en 2016. Puede que quizá
cuando mañana compres un producto, o cuando decidas hacer un viaje sientas que
es lo que verdaderamente necesitas y que tu comportamiento no está siendo
manipulado. Pero, ¿pondrían tanta empresas y organizaciones diversas (como
aquellas que tienen intereses en desestabilizar democracias) tanto dinero para
modificar nuestro comportamiento si no pensara que mayormente lo logran? Usando
las redes hemos generado un mundo que constantemente evoca nuestras emociones
negativas, lo que hace que salirse de ellas sea quizá la mejor manera para
salir de la locura colectiva de nuestro tiempo. Pero como esa es ya la segunda
razón para dejarlas, lo dejamos para otra ocasión.
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